La trayectoria de Geyse Ferreira en el futbol comenzó con largos traslados y sacrificios familiares. En una entrevista publicada el 6 de noviembre de 2026, la delantera brasileña recordó que, desde los 13 años, viajaba 135 kilómetros hasta la capital de Brasil para poder jugar.
Para cubrir el costo del viaje en camioneta, pedía dinero y salía de casa a las cinco de la mañana. La distancia y la separación de su madre hicieron difícil aquella etapa, pero el futbol le permitía disfrutar del juego y perseguir su objetivo.
Una vocación que empezó desde niña
Geyse también recordó que, en ocasiones, decía en la escuela que le dolía la cabeza para salir temprano y poder ir a jugar. Esas experiencias formaron parte del camino que recorrió antes de consolidarse como futbolista.
La historia incluye una pérdida personal que marcó su vida. Mientras jugaba en el Manchester United, su hermano falleció en Brasil. Geyse lo describió como su mejor amigo y recordó que él estaba pendiente de lo que le ocurría y era la primera persona a quien le contaba sus cosas.
La ausencia de sus mensajes es algo que todavía extraña. Al mismo tiempo, el recuerdo de su hermano se convirtió en una motivación para seguir adelante con su carrera.
Hoy, como delantera del América, Geyse lleva consigo tanto los sacrificios de sus primeros años como el vínculo con su familia. Su relato muestra una parte de su recorrido fuera de la cancha, antes de que el público la conociera como una de las figuras del futbol femenil.

