La polémica en torno a «Donde el agua trabaja», novela del escritor peruano David Silva Rojas, abrió una discusión sobre el uso de inteligencia artificial en la literatura y los criterios con que se evalúan las obras. En ese contexto, una crítica publicada el 1 de noviembre cuestiona tanto la calidad literaria del libro como la tendencia a valorar las narraciones por su intención de denuncia social.
El ensayo sostiene que la novela habría sido premiada por abordar la precariedad laboral y la vulnerabilidad de una trabajadora agrícola, mientras que, a juicio de quien la analiza, su prosa y construcción narrativa no alcanzarían la profundidad que el jurado le atribuyó. También plantea que, cuando el valor moral de un tema desplaza la discusión sobre el lenguaje y la forma, la crítica literaria corre el riesgo de volverse menos rigurosa.
La discusión se desarrolla en medio de una controversia aún sin resolución sobre la autoría del libro. Un análisis con el detector Pangram atribuyó a inteligencia artificial el 99 % del texto, pero esa herramienta no determina por sí sola cómo se escribió una obra. Silva Rojas negó haber utilizado IA generativa y dijo que reuniría borradores, notas y materiales de su investigación para colaborar con la revisión anunciada por la editorial.
La novela obtuvo en julio de 2026 el primer Premio Internacional de Novela Breve Almadía-Ventosa Arrufat, tras ser seleccionada entre 2,204 manuscritos. Almadía anunció que revisaría el caso sin anticipar conclusiones y suspendió actividades relacionadas con la presentación del libro.
Así, el debate reúne preguntas distintas: cómo evaluar el uso de herramientas de inteligencia artificial, qué peso dar a la intención social de una obra y cómo sostener una crítica literaria capaz de examinar sus decisiones formales. Mientras la editorial revisa la documentación, la acusación sobre el uso de IA sigue sin una conclusión pública.

